La Biblia: El libro de las Sagradas Escrituras y la Palabra de Dios

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7 Había ya de largo tiempo esta costumbre en Israel en la redención o contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero; y éste era el testimonio en Israel.

8 Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y [diciendo esto] descalzó su zapato.

9 Y Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: Vosotros [seréis] hoy testigos de como tomo todas las cosas que fueron de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón, de mano de Noemí.

10 Y que también tomo por mi mujer a Rut [la] moabita, mujer de Mahlón, para que [yo] levante el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se pierda de entre sus hermanos y de la puerta ([o congregación]) de su lugar. Vosotros [seréis] hoy testigos.

11 Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos [somos]. El SEÑOR haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales dos edificaron la casa de Israel; y [tú] seas ilustre en Efrata, y tengas nombradía en Belén;

12 tu casa sea como la casa de Fares, al que Tamar dio a luz a Judá, de la simiente que el SEÑOR te diere de esta joven.

13 Y [así] Booz tomó a Rut, y [ella] fue su mujer; y luego que entró a ella, el SEÑOR le dio que concibiese y diese a luz un hijo.

14 Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea el SEÑOR, que hizo que no te faltase redentor hoy, cuyo nombre será nombrado en Israel.

15 El cual será restaurador de tu alma, y el que sustentará tu vejez; pues que tu nuera, la cual te ama, le ha dado a luz; y [ella] te vale más que siete hijos.

16 Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo, y fue su aya.

17 Y las vecinas le pusieron nombre diciendo: a Noemí ha nacido un hijo; y le llamaron Obed. Este [es] padre de Isaí, padre de David.

18 Y éstas [son] las generaciones de Fares: Fares engendró a Hezrón;

19 y Hezrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab; 20 y Aminadab engendró a Naasón, y Naasón engendró a Salmón;

21 Y Salmón engendró a Booz, y Booz engendró a Obed;

22 y Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.



1 SAMUEL


CAPÍTULO 1

1 Hubo [un] varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo.

2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una [era] Ana, y el nombre de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.

3 Y subía aquel varón todos los años de su ciudad, a adorar y sacrificar al SEÑOR de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes del SEÑOR.

4 Y [cuando] venía el día, Elcana sacrificaba, y daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte.

5 Mas a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque el SEÑOR había cerrado su matriz.

6 Y su competidora la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque el SEÑOR había cerrado su matriz.

7 Y así hacía cada año; cuando subía a la Casa del SEÑOR, la otra [la] enojaba así; por lo cual [ella] lloraba, y no comía.

8 Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿Y por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y el sacerdote Elí estaba sentado sobre [una] silla junto a un pilar del templo del SEÑOR.

10 Y ella con amargura de alma oró al SEÑOR llorando abundantemente;

11 e hizo voto, diciendo: El SEÑOR de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres a tu sierva simiente de varón, [yo] lo dedicaré al SEÑOR todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza.

12 Y fue que como ella orase largamente delante del SEÑOR, Elí estaba observando la boca de ella.

13 Mas Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y la tuvo Elí por borracha.

14 [Entonces] le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás borracha? Digiere tu vino.

15 Y Ana le respondió, diciendo: No, señor mío; mas yo [soy una] mujer acongojada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante del SEÑOR.

16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.

17 Y Elí respondió, y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.

18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer [por] su camino, y comió, y no estuvo más triste.

19 Y levantándose de mañana, adoraron delante del SEÑOR, y volvieron, y llegaron a su casa en Ramá. Y Elcana conoció a Ana su mujer, y el SEÑOR se acordó de ella. 20 Y fue que al pasar el tiempo, Ana concibió, y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel ([demandado de Dios]), [diciendo]: Por cuanto lo demandé al SEÑOR.

21 Después subió el varón Elcana, con toda su familia, a sacrificar al SEÑOR el sacrificio acostumbrado, y su voto.

22 Mas Ana no subió, sino dijo a su marido: [Yo no subiré] hasta que el niño sea destetado; para que lo lleve y sea presentado delante del SEÑOR, y se quede allá para siempre.

23 Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te pareciere; quédate hasta que lo destetes; solamente el SEÑOR cumpla su palabra. Y se quedó la mujer, y crió su hijo hasta que lo destetó.

24 Y después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y un odre de vino, y lo trajo a la Casa del SEÑOR en Silo; y el niño era [aún] pequeño.

25 Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí.

26 Y ella dijo: ¡Ruego señor mío! [Como] vive tu alma, señor mío, yo [soy] aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando al SEÑOR.

27 Por este niño oraba, y el SEÑOR me dio lo que le pedí.

28 Yo, [pues], le vuelvo también al SEÑOR; todos los días que viviere, será del SEÑOR. Y adoró allí al SEÑOR.


CAPÍTULO 2

1 Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en el SEÑOR, mi cuerno es ensalzado en el SEÑOR; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salud.

2 No hay santo como el SEÑOR; porque no [hay ninguno] fuera de ti; y no [hay] Fuerte como el Dios nuestro.

3 No multipliquéis hablando grandezas, altanerías; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca, porque el Dios de todo saber [es] el SEÑOR, y las obras [magníficas] a él le son prestas.

4 Los arcos de los fuertes [fueron] quebrados, y los flacos se ciñeron de fortaleza.

5 Los saciados se alquilaron por pan, y cesaron los hambrientos; hasta dar a luz siete la estéril, y la que tenía muchos hijos enfermó.

6 El SEÑOR mata, y él da vida; él hace descender al sepulcro, y hace subir.

7 El SEÑOR empobrece, y él enriquece; abate, y ensalza.

8 El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarlo con los príncipes; y hace que tengan por heredad asiento de honra. Porque del SEÑOR son las columnas de la tierra, y [él] asentó sobre ellas el mundo.

9 El guarda los pies de sus santos, mas los impíos perecen en tinieblas; porque nadie será valiente por [su propia] fuerza.

10 SEÑOR, serán quebrantados sus adversarios; y sobre ellos tronará desde los cielos. El SEÑOR juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías.

11 Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño ministraba al SEÑOR delante del sacerdote Elí.

12 Mas los hijos de Elí eran hijos de Belial, y no tenían conocimiento del SEÑOR.

13 [Era] la costumbre de los sacerdotes con el pueblo [que], cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras la carne estaba a cocer, [trayendo] en su mano un garfio de tres ganchos;

14 y hería con él en la caldera, o en la olla, o en el caldero, o en el pote; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían a todo israelita que venía a Silo.

15 Asimismo, antes de quemar el sebo, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que ase para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda.

16 Y [si] le respondía el varón: Quemen luego el sebo hoy, y [después] tome [tanta] como quisieres; él respondía: No, sino ahora la has de dar; de otra manera [yo] la tomaré por fuerza.

17 Era, [pues], el pecado de los jóvenes muy grande delante del SEÑOR; porque los hombres menospreciaban el presente del SEÑOR.

18 Y el joven Samuel ministraba delante del SEÑOR, vestido de [un] efod de lino.

19 Y le hacía su madre una túnica pequeña, y se la traía cada año, cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio acostumbrado. 20 Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: El SEÑOR te dé simiente de esta mujer en lugar de esta petición que hizo al SEÑOR. Y se volvieron a su casa.

21 Y visitó el SEÑOR a Ana, y concibió, y dio a luz tres hijos, y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante del SEÑOR.

22 Elí empero era muy viejo, y oía todo lo que sus hijos hacían a todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo del testimonio.

23 Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.

24 No, hijos míos; porque no es buena fama la que yo oigo; que hacéis pecar al pueblo del SEÑOR.

25 Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra el SEÑOR, ¿quién rogará por él? Mas [ellos] no oyeron la voz de su padre, porque el SEÑOR [ya] había decidido matarlos.

26 Y el joven Samuel iba creciendo, y hallando gracia delante de Dios y delante de los hombres.

27 Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así dijo el SEÑOR: ¿No me manifesté [yo] claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?

28 Y [yo] le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todos los sacrificios de los hijos de Israel.

29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis presentes, que [yo] mandé [ofrecer] en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?

30 Por tanto, el SEÑOR el Dios de Israel dijo: [Yo] había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora dijo el SEÑOR: Nunca yo tal haga, porque [yo] honraré a los que me honran, y los que me tuvieren en poco, serán viles.

31 He aquí, vienen días, en que cortaré tu brazo, y el brazo de la casa de tu padre, que no haya viejo en tu casa.

32 Y verás competidor en el tabernáculo, en todas las cosas en que hiciere bien a Israel; y en ningún tiempo habrá viejo en tu casa.

33 Y no te cortaré [del todo] varón de mi altar, para hacerte marchitar tus ojos, y llenar tu ánimo de dolor; mas toda la cría de tu casa morirá [en la edad] varonil.

34 Y te [será por] señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día.

35 Y [yo] me despertaré [un] sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y [yo] le edificaré casa firme, y [él] andará delante de mi Ungido todo los días.

36 Y será que el que hubiere quedado en tu casa, vendrá a postrársele por un dinero de plata y un bocado de pan, diciéndole: Te ruego que me constituyas en algún ministerio, para que coma un bocado de pan.


CAPÍTULO 3

1 Y el joven Samuel ministraba al SEÑOR delante de Elí; y la palabra del SEÑOR era de estima en aquellos días; no [había] visión manifiesta.

2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, [cuando] sus ojos comenzaban a oscurecerse, que no podía ver,

3 y antes que la lámpara de Dios fuese apagada, Samuel estaba durmiendo en el templo del SEÑOR, donde el arca de Dios estaba;

4 y el SEÑOR llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.

5 Y corriendo [luego] a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: [Yo] no he llamado; vuélvete a acostar. Y [él] se volvió, y se acostó.

6 Y el SEÑOR volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y [él] dijo: Hijo mío, [yo] no he llamado; vuelve, y acuéstate.

7 Mas Samuel aún no conocía al SEÑOR, ni le había sido revelada [la] palabra del SEÑOR.

8 El SEÑOR, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y [él] levantándose vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces Elí entendió que el SEÑOR llamaba al joven.

9 Y dijo Elí a Samuel: Ve, y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, SEÑOR, que tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.

10 Y vino el SEÑOR, y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye.

11 Y el SEÑOR dijo a Samuel: He aquí haré [yo una] cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.

12 Aquel día [yo] despertaré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa. [Cuando] comenzaré, [también] acabaré.

13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado.

14 Y por tanto [yo] he jurado a la casa de Elí, que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con presentes.

15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa del SEÑOR. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí.

16 Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí.

17 Y dijo: ¿Qué es la palabra que te habló [el SEÑOR]? Te ruego que no me la encubras. Así te haga Dios y así te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.

18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: El SEÑOR es; haga lo que bien le pareciere.

19 Y Samuel creció, y el SEÑOR fue con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. 20 Y conoció todo Israel desde Dan hasta Beerseba, que Samuel [era] fiel profeta del SEÑOR.

21 Así volvió el SEÑOR a aparecer en Silo; porque el SEÑOR se manifestó a Samuel en Silo con palabra del SEÑOR.


CAPÍTULO 4

1 Y Samuel habló a todo Israel. [Por aquel tiempo] salió Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y asentó campamento junto a Eben-ezer ([la piedra de la ayuda]), y los filisteos asentaron el suyo en Afec.

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